![]() |
| On The Radio. Cover Designer Wanted |
Pero aquel fue también un periodo musicalmente decepcionante para mí en lo que a la
música británica se refiere. La industria nacional, para levantar cabeza —en mi
opinión todavía no la ha levantado—, no paraba de inventar grupos, a cual
peor. De aquella época me quedo con Super Furry Animals, Teenage Fun Club,
algunas canciones de Blur, parte del catálogo de Acid Jazz Records
—discográfica para la que, bajo la dirección de Eddie Piller, estuve trabajando
durante una temporada— y poco más. Todavía en la primera década del siglo XXI,
tanto las compañías discográficas como los medios británicos estaban demasiado
obsesionados por revolucionar su music
establishment, pero parece que lo único que se les ocurría era producir
desesperadamente clones del fenómeno Strokes. Muy pronto nadie se acordará de
The Libertines o de The Artic Monkeys, si es que alguien ya los echa en falta.
Por curiosidad, una noche fui a visitar el callejón donde Bowie se hizo la foto
para la portada de Ziggy Stardust, en Heddon Street, W1, muy cerca de Regent
Street. Desde una ventana llegaba a mis oídos If You Wanna Be My Lover, de Spice Girls, y casi lloré de pena. O
de risa, no sé. Me pregunté qué había sido del desparpajo y la perspicacia de
los que hizo gala la llamada Invasión Británica y que llevaron a aquellas
bandas a hacer su música sin complejos, compitiendo a gran nivel con lo
que llegaba de USA e incluso inspirando a numerosos grupos de garaje del otro
lado del Atlántico. Estados Unidos y Reino Unido se retroalimentaron durante la
segunda mitad de los 60 para sentar las bases del rock tal como, en su esencia,
se entiende aún en la actualidad. Luego vino toda la ola infame de rock
progresivo, pero UK todavía sería referencia importante en el asunto, como
ocurrió también con el hard rock. El glam rock surgiría con estrépito y hoy
se recuerda con rubor, exceptuando las muestras de talento creativo e
interpretativo de David Bowie o Brian Eno a mediados de los 70. Años después se
interpretaría el punk de NY y Detroit hasta llegar a convertirlo en un fenómeno
de tarjeta postal para turistas, pero bandas de indudable talento salieron de
todo aquello, por supuesto. En los 80, con tantos aciertos como desaciertos, el
sello y la personalidad británicos se abrieron paso alrededor del mundo con
discográficas independientes, bandas y solistas de estilos muy diversos,
iniciando una especie de segunda invasión británica que, si bien no gozaba del
peso y la relevancia de fenómenos como Beatles, Stones, Kinks, Who, Animals,
Dave Clark Five, Yardbirds, Manfred Mann, etc., sí consiguieron mantener la
industria nacional en cotas de prestigio considerables. Los 90, sin embargo,
significaron un batacazo para la música de las islas.
![]() |
| Heddon St., ayer y antes de ayer |
![]() |
| South Thames College. Aquí empezó todo |
![]() |
| LGU, ahora llamada London Metropolitan University |
Los planes con El Hombre Tranquilo sobre la producción de un nuevo disco de Tarik y
la Fábrica de Colores (ya habían pasado seis años desde la publicación del
primer álbum) seguían avanzando. A las canciones que acompañaban a On The Radio en una maqueta añadí otras
que grabé en casa con un radiocasete y algunas más de maquetas antiguas.
Tras una selección más o menos coherente del repertorio, pusimos fecha a la
grabación, que comenzaría en los ya desaparecidos estudios La Nave de Madrid en
un gélido invierno del 97 y acabaría en los Matrix Studios de Londres con las
sesiones de cuerda y metales. Con Richard Ley y Juanjo López —batería y
guitarra en el álbum, respectivamente— compartiría muchas e impagables horas de
conversación entre las sesiones de grabación. Antonio Arias vino desde Granada
a grabar el bajo en Do You Wanna Marry
Me?, On The Radio y I See A UFO, todo un detalle. Luis
Lozano se encargaría de los pianos, órganos y sintetizadores; por cuestiones logísticas de peso, para grabar el
Hammond con Leslie hubo que llevar parte del estudio a su casa en la sierra de
Madrid, en medio de una nevada espectacular. Mi amigo Robin Buller, saxofonista
en The Shades, reunió una orquesta de cuerda y metales para las sesiones en
Londres; él mismo tocaría el clarinete. José Luis Rosillo se encargó del sonido
en Madrid y Steve Cook hizo lo propio en Londres. De la portada no puedo más
que decir que es lamentable, y siento no poder verter aquí toda mi ira contra
el diseñador porque la diseñamos Gabi y yo una tarde serena, lo que hace aún
más incomprensible el despropósito. Por utilizar una estupenda foto de Diego
García cuyo formato no quisimos modificar, el resultado supera en fealdad a las
letras con que el grafista remató la portada del primer álbum. Tampoco
entenderé qué momento de debilidad espiritual me llevó a dejarme el pelo tan
largo y a aparecer de esa guisa en la portada, aunque sí recuerdo que en la
escena jazz y soul de Londres, donde solía moverme con asiduidad, era
bastante común llevar el pelo largo por aquella época. Cuando llegué el primer
día a Acid Jazz Records, me sorprendió que Edie Piller (y, como por mimetismo,
muchos de los hombres que allí trabajaban) llevara el pelo casi hasta la mitad
de la espalda. Claro que eso no justifica mi aspecto.
![]() |
| Cover Designer Wanted (dead or alive) |
On The Radio me permitió también vivir un buen número de
aventuras y anécdotas con Paco Lamato, Manolo León, Tomás Ramos y Antonio P.
Modelo, el grupo que me acompañó durante la gira y promoción del disco
—incluido aquel delirante tour por tierras cubanas—. La banda sonaba tan sólida
que nuestro concierto en el Espárrago Rock del 98 nos hizo ganar grandes
elogios en los medios. Entre el público estaban Los Planetas, que también
actuarían en aquella edición del festival, y ese fue el comienzo de otra gran
amistad. Al fin y al cabo, la historia de un disco está vinculada a un sinfín
de episodios que encierran alegrías y tristezas, amores y desamores, uniones y
rupturas, encuentros y desencuentros, compañías y soledades.
La revista Rockdelux incluyó el álbum On The
Radio en su lista de los mejores discos del 98. Al año siguiente, On The Radio, la canción, apareció en la
misma publicación como una de las 100 mejores de la década.
Que la disfruten.
Tarik y la Fábrica de Colores - On The Radio




